Los sismos internos

Por Jalil Gómez

jalil@jalil.com.mx

La tanatología nos hace conscientes de que la vida es dinámica, es movimiento, nada queda totalmente estático, nada es igual por siempre, todo cambia, se transforma, evoluciona…

Los movimientos telúricos del 7 y 19 de septiembre nos hacen recordar este movimiento constante que tiene la vida. En todo movimiento hay cambio, nada queda exactamente igual a antes del movimiento o la sacudida, en todo cambio hay pérdidas y hay ganancias. En los sismos muchas veces hay gran destrucción, pero a raíz de dicha destrucción surge la reconstrucción, las pérdidas por eventos naturales son múltiples, muy dolorosas, pero nos ofrece las oportunidades de resurgir, reconstruirnos, de desechar lo que no fue suficientemente sólido como para mantenerse de pie dentro de nosotros.

Las sacudidas nos permiten que salga el polvo, lo que no está siendo útil en nuestro interior, los “terremotos internos” nos mueven todo lo que hasta hoy creíamos seguro, y nos permite buscar dentro de los escombros lo que realmente ha quedado de pie, lo que verdaderamente tiene valor para nosotros, lo que no se derrumbó, lo que nos sostiene en la vida.

 

Los movimientos  nos invitan a analizar todo aquello que está de más en nuestra vida, y en lo que debe quedarse; al final generalmente concluimos que lo que nos sostiene en la vida es el amor, que lo que no se destruye es el amor auténtico y consciente, es el amor propio, a lo que hacemos, a nuestros prójimos (padres, pareja, hijos, nietos,  hermanos, abuelos, sobrinos, tíos, primos, etc, y amigos) y este amor no se puede destruir, se puede transformar pero no se extingue. Puede crecer o decrecer, pero el amor es una llama que siempre se encuentra encendida dentro de nosotros, aunque haya momentos en los que se quede simplemente como flamita en piloto.

Hay diferentes crisis en la vida que nos generan sismos internos, como un divorcio, un despido laboral, una enfermedad, la muerte de un ser amado, la pérdida económica, la partida de los hijos, etc. pero en todos estos casos, el duelo se resuelve en base al manejo de nuestra emocionalidad, es decir, a la manera en la que contactamos la emoción que se nos genera y la realidad que acontece en ese momento.

Los sismos nos invitan al análisis y a la reflexión, ¿Qué es cimiento sólido hay hoy en mi vida, y qué es escombro que debo tirar? ¿Hay personas, proyectos, valores, sepultados bajo los escombros de mi acelerada cotidianidad que debo rescatar? La vida es breve, los sismos nos lo recuerdan y nos invitan a hacer limpieza exhaustiva, a recuperar lo valioso e importante y a enfocarnos en lograr una vida en plenitud, amor y libertad. A rescatar con valentía lo que realmente da valía a nuestra vida.

Comenten, participen y entre todos, ayudémonos a reconstruir nuestro país por fuera.. y por dentro, comenzando por nosotros mismos.